cuerpo invocante

“Un niño en la oscuridad, presa del miedo, se tranquiliza canturreando. Camina y se para de acuerdo con su canción. Perdido, se cobija como puede o se orienta a duras penas con su cancioncita. Esa cancioncita es como el esbozo de un centro estable y tranquilo, estabilizante y tranquilizante, en el seno del caos”. Mil Mesetas, G. Deleuze 

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